viernes, 1 de diciembre de 2017

Una invitación para soñar un poco más

Cada vez me cuestiono más los absolutos. Nos posicionamos a favor o en contra en lugar de simplemente fluir por el ahora, por lo que hoy me hace sentir plenitud y bienestar.


Quizás hoy necesite parar, cerrar los ojos y permitirme soñar, fantasear, pasear por los pasillos de lo posible y de lo imposible. A veces, dedicar tiempo a revisar cuales “imposibles” están frenando mis objetivos nos viene muy bien.

Así que mi propuesta para este fin de semana, para el próximo puente o para el momento que sea, que tú elijas y en el que te puedas tomar un tiempo propio, es este: ¡¡sueña!!

Coge un cuaderno y empieza por soñar con cosas que te hagan reír, que te hagan cosquillas y te despeinen. Que te inviten a bailar, a moverte, a perderte incluso.

Sueña también con aquello que te conmueve, que te produce un sentimiento compasivo de ternura y acercamiento. Con lo que quieres abrazar para sanar.

Sueña con logros, con proyectos locos que te permiten brillar y expresar todo lo que tú eres y lo que llevas allí dentro, en tu corazón, en tu cabeza, en tus células.

Sueña y escribe tus sueños. Llena ese cuaderno de recursos para conectar contigo y con lo que hoy te llena de energía, con lo que hoy te hace vibrar. Después puedes dejar a tu cuaderno descansar unos días y simplemente sentirte ¿qué hay ahora en tu interior? ¿qué ha viajado a tu zona consciente que antes no veías? Déjate descansar también a ti.


Cuándo tengas dudas de por dónde seguir o de si seguir haciendo lo que haces cada día, saca tu cuaderno y lee. Déjate inspirar por ti, por tus sueños, por todo eso que te dices cuando la palabra imposible es desterrada de tu vocabulario. Quizás no todos los sueños son realizables, quizás algunos son tan ambiciosos que no encuentras cómo darles forma, cómo echarlos a andar…empieza por los sencillos, por los que te hacen cosquillas y te sacan un poco de tu zona de confort. La confianza y el buen humor serán buenos aliados para conspirar un gran cambio, un gran sueño al que ponerle piernas para que eche a correr.  

domingo, 5 de noviembre de 2017

Dejar espacio para lo nuevo

Me parece un hábito muy saludable aprender a soltar y desprendernos de “lo viejo”, de lo que ya no necesito, quiero, o deseo, de lo que tengo olvidado en el fondo de una caja, un trastero, el armario o de mi mente.

Desprenderme de trastos, de papeles, de ropa que no uso, me parece un buen entrenamiento para aprender a soltar creencias que ya no me sirven, que ya no me encajan.

Así, en esta época en la que la propia naturaleza nos enseña lo poco que le cuesta desprenderse de las hojas que han vestido a los bosques este año, en la que los rayos de sol entibiecen y acortan sus visitas y, en la que las nubes deberían empezar a visitar nuestros cielos asiduamente y regalarnos con sus llantos; me parece que podemos aprender que soltar es saludable.

Puede llevar algún dolor implícito. Si. Puede dolernos decir adiós a su recuerdo, a su olor, a la promesa de un “felices para siempre” y sin embargo ese dolor te recuerda que tú, aún sigues viva, aún sigues vivo. Que la vida duele a veces, si y otras, te regala carcajadas cargadas de buen rollo. Que la vida llueve llanto y te desnuda para que puedas limpiarte y sanarte y así renacer en primavera y poblarte de flores y de nuevos brotes.

Un trastero lleno, un armario rebosante, un cajón repleto no permiten que nada nuevo entre, nada. No dejan espacio para nuevas memorias, para nuevas caricias ni para nuevos llantos. Por eso, te invito a vaciar esos contenedores que poseemos en nuestra mente, en nuestra memoria, en nuestras creencias y en nuestra mirada. Limpia un poco tus gafas para volver a ver lo nuevo, lo bello, lo desnudo, lo oscuro y naciente. Deja que lo que no te viste se vaya y no tengas miedo a la desnudez. Deja que te acompañe y te enseñe lo hermoso que hay ahí, en tu ser, sin aditivos ni condimentos.


Deja que tus hojas se desprendan y caigan para incubar los nuevos brotes que te volverán a vestir de tu más esplendorosa belleza la próxima primavera. 

martes, 22 de agosto de 2017

Beber a través de las raíces

"La savia que me alimenta 
tiene una historia;
tiene tierra, lucha y lágrimas. 

Me alimento del legado, 
de lo que lucharon mis bisabuelas, 
de las vidas que crearon y cuidaron, 
a costa de las suyas propias. 

Me alimento de las balas que no llegaron, 
de los miedos que no frenaron, 
de los riesgos que vivieron 
abuelos, abuelas, antepasados. 

Me alimento de los regalos que mi padre y mi madre envolvieron en todo su amor y me cedieron, 
aún sin pedirlos, 
aún sin ser buenos o malos. 

Me alimento de la savia que corre por mis venas y también de otras cosas." 

Cada persona tiene un pasado, un legado o pasado de su propio pasado. Algunas veces, esto nos nutre, nos aporta un contexto afectivo y nos da una referencia para transitar por nuestro presente e ir tejiendo algo que volverá a ser pasado algún día. 

Sin embargo, nuestro legado, la historia de nuestra familia, no siempre nos nutre de la manera que necesitamos, no siempre nos nutre de la manera en que queremos ser nutridas y nutridos en este presente. En algunas personas este darse cuenta genera una pelea interna y externa con la que rechazar y extirpar algo que no es posible quitar por la fuerza. Te acompaña y lo hará porque acompañó a quienes te criaron y, para bien y para mal, forma parte de ti. 

Siento que la respuesta no puede ser la lucha en ningún caso. La lucha muchas veces magnifica eso que miramos con rechazo, eso que no deseamos. La lucha hace el efecto lupa, con una asombrosa capacidad de aumento del dolor. Y hace un efecto prismático, cerrando nuestro campo visual para ver solamente "eso" que no nos gusta. El drama suele expresarse en forma de quejas y lamentos. Y quizás tengas motivos para quejarte, quizás tengas motivos para observar con detenimiento eso que quieres cambiar. Solo quiero decir que, una vez localizado, una vez aumentado lo necesario, pasa a la acción: escúchalo y escúchate para trabajarlo; decide qué vas a hacer y hazlo.

Quedarte en la etapa de queja y lamento supone estar mirando con atención absoluta y a través de la lente de aumento más grande que tienes aquello que no te gusta y, lo más importante, eso pasa por enfocarte en el responsable externo para llegar al callejón del: pobre de mi. Cuanto más nos acomodamos en este rol, más nos cuesta salir de él. Lamemos nuestras heridas sin parar y sin dejar que cicatricen, sin permitir que el pelo protector vuelva a crecer encima y nos escude en nuestro avance. 

El rol de víctima tiene mucho de pasividad y de inmovilidad. Si, hay momentos en los que necesitamos sentarnos en ese sofá durante un rato, necesitamos visibilizar nuestro daño, nuestro dolor y pedir que nos acunen, que nos presten un hombro o incluso veinte y que nos escuchen. 

Si estás en un momento de estos, lo único que te pido es que observes con atención el hueco que dejas en ese sofá al levantarte ¿es persistente? ¿tiene la forma de tu cuerpo? ¿crees que ha llegado la hora de soltarlo y de salir de allí? No resulta fácil echar a andar después de un trauma. Así que si no te ves con fuerzas, pide ayuda. Tú decides dónde quieres estar. 

lunes, 26 de junio de 2017

Celebrar un año de aprendizajes, un año de experiencias

"Día a día, 
inspiración a inspiración, 
sientes, te mueves, piensas.

Día a día y momento a momento, 
vives. 

Seas más o menos consciente
de lo que llenas tu día, 
tu momento,
allí están, en tu vida, 
en los recuerdos, 
en cada aprendizaje."

Cuando celebras un cumpleaños ¿qué celebras exactamente? A mi, llegadas estas fechas en las que se aproxima mi cumpleaños me nace hacer una revisión de las experiencias que más han marcado mi año. Mi año natural que empieza un 2 de julio y termina el día 1 para renovarme y empezar de nuevo. 

Este año reconozco que siento algo de vértigo pues han pasado MUCHAS cosas poderosas en mi vida. No son grandes acontecimientos como nacimientos o pérdidas, como loterías o desastres, son solo el día a día, con sus enseñanzas. 

Son las conexiones generadas con personas importantes, los momentos compartidos de dudas, llantos y risas. De contarnos, de proyectar, de soñar o de simplemente estar. De encuentros y desencuentros de descubrir que la franqueza me hace libre y que la responsabilidad me da un marco en el que me siento cómoda y segura. 

Son los permisos para abrir puertas y ventanas, para ser visible y encontrar sorpresas. Son las ilusiones renovadas y las posibilidades infinitas que se cruzan delante de tu puerta cuando te descubres viva, más allá de tus fantasmas. Son los miedos superados que de hacen cosquillas en el estómago y aún así saltas. Son los equívocos sin reproches y con abrazos, con aceptación y comprensión. Es el parar la energía que no renueva y cambiar los aires para respirar vida, momento a momento. 

Son los límites, saber lo que si y lo que no. Lo que no que toleras un de vez en cuando y lo que no, nunca. Lo que si y que pides. Lo que si y que ofreces. Es el erradicar la culpa, reducirla a una leve sensación casi desconocida de lo poco que te saluda. Es el compartir aprendizajes y herramientas, poder y saber desde una actitud de generosidad y punto. 

Son las experiencias que vienen y van, es el aprender a soltar a no apegarme a no evitar y a vivir desde el ser, entendiendo a mi ego, sin pelearme con él. Es la vida, en su sentido real y verdadero que me regala, cada día, 17 horas de experiencias en vigilia y otras 7 de dormir, soñar y reparar...es la vida que decido vivir a la que me entrego cada mañana cuando abro los ojos. 

¡Feliz vida, feliz momento! 


viernes, 12 de mayo de 2017

Combatiendo las decepciones: una mirada de autenticidad

"Me devuelves lo que no quiero ver,
distorsión decolorada de mis sueños.

Me devuelves lo que quiero ser, lo que fui,
me devuelves lo que puedo ser, 
Cuando me quiero querer. 

Me devuelves mis miedos, mis defensas. 
Me devuelves mis anhelos, mis envidias. 
Me devuelves todo lo que soy, 
cuando sé mirarme desde dentro."

¿Cómo has llegado a ser quien eres ahora mismo? ¿Cuál ha sido tu camino? Intenta describirlo paso a paso...¿dónde naciste? responde de manera extensa: lugar, posición, histórico familiar, temporal, etc. ¿dónde estudiaste? Lo mismo...de manera extensa ¿dónde viviste, qué libros leíste, a qué jugaste, qué música escuchabas, cuáles personajes te inspiraron...? Piensa en todo lo que has vivido que ha influido en tu historia para ser quien eres ahora mismo. 

¿Crees que es posible que otra persona pueda ser exactamente como tú? ¿Seguro? ¿Segura? 

Como dice Giorgio Nardone la atribución de nuestras percepciones y convicciones exactas en "los demás" no tiene ningún sentido y sin embargo, es habitual, frecuente y recurrente. No solo en procesos terapéuticos, es recurrente en la vida: mis atribuciones sobre la justicia y la injusticia, sobre la bondad y la maldad, sobre la excelencia y la mediocridad, sobre la claridad y la obscuridad, sobre la amabilidad y la mezquindad, etc., las vuelco, sin filtro alguno, al resto de semejantes y así me va. Sucumbimos de manera continua a la frustración ante las expectativas incumplidas...

"¡Cómo puede ser que sea tan mezquino, con lo majo que parecía!" ¿Por qué es mezquino? ¿Según quién lo es o no lo es? ¿Por qué parecía majo? "¡Que injusta es la vida!" "¡No seas malo!" "¡Que buena es esta niña!" y así vamos volcando nuestros juicios en formato de expectativa de ser a otras personas que no harán otra cosa que decepcionarnos. 

Y no solo en "los demás" volcamos expectativas, también lo hacemos hacia nosotros y nosotras y generamos una continua decepción...de la que, muy probablemente ya conoces las consecuencias: juicios contundentes, expresiones violentas hacia ti, desprecio, malestar, depresión...mejor no sigo. 

Prefiero hacer otra cosa, quiero invitarte a respirar, a conectar con tu estar, en las condiciones que sea que estés, conectado, conectada, contigo. A estar en tus zapatos, a sentirte, a mirarte y reconocerte, a aceptarte, a quererte, como el ser imperfecto (afortunadamente) que eres. A no esperar y a vivir momento a momento tal cual viene. A conectar con lo que si es, lo que si eres, sin tanto juicio. A sentir, sentir y volver a sentir. No te olvides nunca de sentir, de sentirte, el camino más directo para ser. 


lunes, 24 de abril de 2017

Reconquistando la simplicidad del sentir

"Quiero sentir la cera templada de una vela en mis dedos, 
quiero escuchar el canto de los pájaros de las ocho de la tarde, 
cerrar los ojos y perderme en sus charlas. 

<<¿cómo fue el día? ¿muchos insectos? ¿qué tal tienes el nido?>>
Se me antoja que pueden hablar de muchas cosas. 

Quiero sentir tu mirada en la mía 
y tu suave soplido en mi hombro. 
Quiero ser una mano amiga,
que sujeta a otra en una conversación profunda. 
Quiero sentir y no parar de hacerlo nunca."

Releyendo un párrafo, sobre las necesidades básicas en los seres humanos, en "Las arquitecturas del deseo" de José Antonio Marina, se me ocurre escribir una oda a lo sencillo, a lo gratis, a lo cercano, al sentir. El párrafo habla sobre como no nos "conformamos" con tener salud u homeostásis, sino que aspiramos a un, cada vez mayor, grado de bienestar. Buscamos experiencias que nos generen esa sensación de equilibrio y que....acaba por cansarnos, así que nos dedicamos a anhelar el desequilibrio y la excitación. En resumen, no estamos a gusto en donde estamos y deseamos otra cosa. 

No quiero que pienses que abogo por conformarnos con lo que hay y ver el lado "bonito" a todo, sea lo que sea. No, ni mucho menos, creo profundamente en el desarrollo y en el cambio y considero una necedad absurda quedarse en un estado de sufrimiento evitable o solucionable. 

Solamente me pregunto si no nos estamos complicando un poco de más. Es decir, puede ser perfectamente comprensible buscar un estado de bienestar y de equilibrio que no nos importa romper con algún deporte de aventura durante las vacaciones, por ejemplo. Lo que marca la diferencia es cómo estamos cuando estamos generando bienestar y equilibrio y cómo, cuando estamos haciendo puenting en Nueva Zelanda, caída libre en los Alpes o nadando con tiburones en el Caribe. 

Estar en el momento presente, mientras busco que mi homeostásis me genere una sensación de bienestar y equilibrio, tiene mucho sentido. Estar en el momento presente, con el cuerpo a tope de adrenalina practicando cualquier deporte de riesgo, también. Así que ¿por qué no disfrutar más de lo que haces ahora, del proceso de trabajo o de diversión, de mejora o de mantenimiento, de activación o de relajación? Todos forman parte de una vida rica y equilibrada. Por qué no conectar, momento a momento, con tus necesidades, deseos y posibilidades, con lo que forma parte de tu vida real, de tu ser y de tu sentir. 

¿Te apuntas a cultivar más presencia momento a momento? ¡Bienvenido, bienvenida! 


miércoles, 12 de abril de 2017

(Una pausa) para recargarte y serenarte

"Abre los ojos, abre tu mirada, 
limpia, amable, nueva, despierta. 
Abre tu mirada hacia lo que es, 
hacia lo que existe, 
lo veas o no.

Abre tu corazón a través de tus ojos.
Tus dulces ojos que miran y aman. 
Que sonríen y lloran, 
crean, sueñan, anhelan. 

Abre tu mirada a lo que tenga que llegar, 
con esa aceptación que te llena de paz."

Tarde cálida y soleada de un miércoles de abril. Una suave brisa sopla y mueve unas banderas de plegarias en la ventana. Los pájaros canturrean; vienen, van, cantan, callan. El cielo azul escasamente visitado por unas cuantas nubes sueltas, luminoso, primaveral. 

Esta descripción que acabas de leer, además de recrear un escenario único y particular para cada lector y lectora genera un sentimiento o evoca una emoción. Según la imagen recreada y lo que ella represente para ti, la sensación sentida irá en una dirección determinada. Influirá también dónde estás ahora, cómo te sientes en ese sitio, qué estás haciendo o que vas a hacer tras leer esta entrada. Así funciona nuestra mente, nos hace viajar, proyectar, especular, anticipar, soñar, amar, odiar y muchas cosas más. Aunque eso ya lo sabes.

¿Qué sucede cuando practicas la atención plena o atención al momento presente? Sucede que estás en ese estado en el que eres tú quien describe, sin juicios, sin prisas, sin querer llegar a ningún lugar, lo que ocurre en tu entorno. No piensas en lo que ocurre o cómo es tu entorno, sino que lo observas con apertura y curiosidad. Describes en términos objetivos (desde tu subjetividad), lo que ves, lo que sientes, no si es agradable o si te gusta o disgusta. Y si acaso aparece un disgusto o un gusto, lo observas y lo dejas pasar también, como parte del proceso descriptivo. 

Cuando practicas atención plena, limpias la mirada de tu alma para poder descansar del ajetreo mental en el que solemos estar imbuidos: planes, tareas, resultados, cronogramas, más tareas y calendarios... Limpias ese espacio interno desde el que incluso tu planificación puede cambiar, si dejas que tu mente descanse. 

Tu desagrado pierde importancia y dejas de aferrarte a tu agrado, disfrutándolo en el momento, sin enganches, sin apegos. Puedes ser más amable contigo y con los demás. Puedes encontrar ligereza en lo que antes pesaba, serenidad en medio del ajetreo. Puedes encontrar la comodidad de estar en tu piel, dentro de ella, de ser tú, tal cual eres. Empiezas a entender la aceptación como un ejercicio indispensable que bien puede acompañar a tu respiración cada día. La cultivas, crece y te cuidas. 

¿Es esto una moda? El término quizás, la manera de practicarlo, puede ser. El bienestar como parte del proceso vital, yo creo que no, que es una elección a la que llegas y de la que decides no marcharte. ¿Te apetece probar? Cierra los ojos, descansa tu mirada y respira...